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por Rafael Vilá
Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida: Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. Génesis 3:14-15 (RV 1900)
El momento de la caída de la Gracia en el Jardín del Edén aparentemente tomó de sorpresa a Adán (varón y hembra) pero no a Dios, quien ya tenía el plan de restauración para la humanidad (Génesis 3:14-15 y Efesios 1:19-21). Muchos se preguntan como es posible que Dios conociendo lo que podía pasar permitió que todo pasará como aconteció. Bueno, si Dios tuviera el control de nosotros como si fuéramos unos autómatas, entonces no hubiéramos sido creados a imagen y semejanza de Dios.
Lo que nos separa como la mayor creación de Dios no es que somos los más bonitos o atractivos, sino que tenemos el poder de decidir nuestro destino. Señorío. El nos dio libre albedrío en la toma de decisiones sobre la creación. Nos dio la oportunidad de capacitación de liderazgo y señorío. Si Dios controlara nuestras decisiones entonces hubiéramos sido una criatura más. Ni aún los ángeles cuentan con esta capacidad de tomar decisiones. La decisión de Satanás lo puso en una posición de desventaja y de condenación eterna. No así con nosotros, los cuales contamos con la restauración a través de la sangre de Jesús y la gracia a través de la resurrección de Cristo.
Por esta capacidad de dominio propio Dios proveyó con la caída la restauración. Aunque parece injusto según la opinión de algunos, sería más injusto que nosotros no contáramos con dominio propio ni propia iniciativa bajo la orden de señorear sobre la creación en la tierra y más injusto conociendo que fuimos formados a imagen y semejanza de Dios.
En la caída de Adán comenzó una enemistad espiritual entre la mujer y las potencias espirituales de los cielos. No solo comenzó una guerra espiritual sino que también comenzó una guerra entre los sexos como mencionamos anteriormente. Esta batalla trajo como resultado la crisis social donde la mujer fue marginada (de co-sujeto a objeto) durante siglos antes y después de Cristo, tanto en la sociedad política como en la sociedad religiosa. A la magnitud que en muchas sociedades la mujer es tratada como un simple objeto sexual y de reproducción de la cual se le puede despreciar y descartar a gusto.
El malentendido eclesiástico no solo arropó la ignorancia doctrinal sino que también redujo la posición de la mujer en el mismo Reino de Dios. Gracias a Dios que siempre dejó palabras claves en su Palabra Escrita que nos permite conocer la realidad de Dios y no la realidad que se nos ha tratado de inculcar durante siglos. Esta realidad es la restauración de Adán como un ser completo, varón y hembra. En el cual ambos vuelven a Reinar como les fue predestinado desde el principio a través del poder absoluto de Cristo.
“Mi oración es que los ojos de vuestro corazón sean iluminados, para que sepáis cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, conforme a la eficacia de la fuerza de su poder, el cual obró en Cristo cuando le resucitó de entre los muertos y le sentó a su diestra en los lugares celestiales, muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero”. Efesios 1:18-21 (Las Américas)
Sin la restauración de la mujer a su posición original no pudiera decirse que existiría la gracia y el dominio de Cristo sobre todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra... pues la orden de señorío del marido sobre la mujer sería de mayor potencia que el dominio de Cristo. Pero podemos observar como esta autoridad sobre la mujer fue abolida cuando se utiliza el absoluto “todo” en el versículo 21 de Efesios 1. Toda maldición autorizada sobre el hombre (varón y hembra) es de completo desuso y sin valor alguno a través de Cristo. Es por esto que Pablo aclara “para con nosotros los que creemos”. El secreto de la gracia es creer y confesar con la boca, la única condición conocida en la Biblia para recibir esta gracia hermosa.
La pregunta a la que nos lleva nuestra religiosa mente es... ¿Porqué Pablo menciona sobre la sumisión de la mujer ante el hombre?
Como he mencionado en muchas ocasiones anteriores, cuando uno decide hacer un estudio exhaustivo de la Palabra debemos considerar muchos puntos. Estos son: ¿A quién fue dirigido? ¿Cuándo se dijo? ¿Cómo se dijo? ¿Cuál es el contexto?.
Para empezar utilizaré el texto bíblico más utilizado por las instituciones eclesiásticas para enunciar este punto de sumisión.
“Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo”. Efesios 5:22-24 (NVI)
A simple vista, Pablo literalmente demuestra el dominio jerárquico que el varón tiene sobre la mujer y nada más que discutir. Pero el leer estos versículos sin analizar el contexto sería una ignorancia trágica. Ahora observemos estos versículos de una manera completa y contextual. Efesios 5:21-33
“Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable. Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo. «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo.» Esto es un *misterio profundo; yo me refiero a Cristo y a la iglesia. En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo”.
Tenemos varios puntos entonces que debemos tomar en consideración. Primero, cuando Pablo introduce el tema de la sumisión comienza con la declaración “sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo”. En otras palabras, cada uno debemos someternos los unos a los otros como respeto a Cristo. La palabra griega utilizada para sumisión en este texto fue “hupotasoo” (#5293 diccionario Strong), una palabra militar que significa “obedecer, someterse, unirse al dominio de otro, someterse uno mismo a otro”, lo que nos sugiere una sumisión voluntaria en unión al liderazgo de otro. Pero en referencia a la sumisión de la mujer se utiliza “kurios” (#2962) que significa que “pertenece a” lo que sugiere literalmente que la mujer debe someterse pues pertenece a su marido. Si no contáramos con los próximos versículos entonces deberíamos aceptar el dominio masculino sobre la mujer.
Cuando Pablo aconseja a la mujer a someterse a su marido hizo una aclaración sobre la posición del marido, “el marido es cabeza de la mujer como Cristo es cabeza de la iglesia”. Con esta declaración el sentido de la sumisión cambia totalmente. Uno, Cristo es un ser completo el cual redimió a la iglesia y la posicionó a su lado como igual ante los ojos de Dios; Segundo, Cristo sacrificó su vida por la iglesia para darle su posición original del jardín en señorío he igualdad a la majestad de Dios; Tercero, Cristo tomó cuidado de su iglesia y promete abogar por ella ante los ojos de Dios. El contexto de esta escritura no sugiere que la cabeza tiene una posición jerárquica sino una posición redentora y de igualdad.
Cuando continuamos la lectura vemos como Pablo encomienda al hombre a tomar la posición de Cristo ante la mujer cuando menciona al hombre que ame a la mujer. Para entender el concepto de amor al cual Pablo se refiere entonces, debemos dirigirnos a los primeros versículos de este capítulo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante. Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” (Efesios 5:1-5 RV 1960). En palabras modernas, el amor referido por Pablo fue al igual que a la mujer, una ordenanza de respeto, lealtad y amor fraternal.
El romper un pacto de lealtad, respeto y amor libra a la mujer de este sometimiento voluntario. Es imposible someterse a un traicionero, maleducado y lujurioso, ¿no cree?
En la carta “Presentación de la carta apostólica mulieris dignitatem de Juan Pablo II sobre la dignidad y la vocación de la mujer” presentada el 30 de septiembre de 1988, Juan Pablo II expone su posición sobre la posición y dignidad de la mujer después de la revelación de Cristo, en la cual sugiere que nuestro conocimiento y actitud hacia la dignidad de la mujer debe revaluarse ante la llegada, muerte y resurrección de Cristo, pues Cristo nunca mostró discrimen contra la mujer sino que por el contrario le devolvió a la misma su posición original a la cual fue predestinada en el huerto del Edén. En la misma Juan Pablo II hace la siguiente aseveración con la cual estoy muy de acuerdo: “La superación del pecado —la redención— debe por tanto manifestarse también en la superación de esta perversión en el restablecimiento de un orden conforme a la creación, en el retorno del “objeto” al “co-sujeto”. En relación con esto, el Papa, en su Carta, ilustra insistentemente cómo la acción redentora de Cristo comporta también el restablecimiento de los derechos y de la dignidad de la mujer”. Anteriormente en la carta se menciona como la mujer pasó a ser considerada un objeto por causo del “pecado original” y como Cristo restaura a la mujer de un objeto a un co-sujeto en armonía con el hombre.
En otro punto de vista, el Pastor Pablo Caballero hace mención de unos punto muy interesante en cuanto la posición de Pablo con referencia a la posición ministerial de la mujer bajo el nuevo Reino de Cristo y de Dios. Muchas veces nosotros tratamos de imponer estilos y formas ante la soberanía de Dios. Pero en Dios no existen parámetros cuando a su voluntad se refiere y a través de quién el decide ejercer su juicio y dominio. Una cosa es lo que el hombre dice qué es Dios, y otra lo que realmente es Dios. Pero veamos esto a través de los puntos del Pastor Caballero.
Para los tiempos en que los Jueces fueron escritos la tradición judía imponía que la mujer no tenía voz ni voto ante los asuntos políticos ni religiosos del pueblo de Dios, sino que era un testigo silencioso ante el dominio masculino. Pero nos encontramos con Débora, juez y profeta por autoridad de Dios. Lo que nos da indicio que ante Dios nunca hubo una discriminación ante la mujer, sino solo ante aquellos que habían pecado. Dios nunca cambia ni se inmuta, pero el hombre entró en un proceso de cambios por causa de su herencia pecaminosa. Esta enseñanza de sumisión en silencio que corrió por siglos hasta el día de hoy la podemos encontrar también en las cartas de Pablo en 1 de Timoteo 2:11-12 “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio.”
Pero, recuerden que todo debemos recibirlo con lupa, no podemos andar ignorantemente aceptando todo lo que nos dicen ni leemos como una verdad definitiva, incluyendo este mi estudio sobre la guerra de Adán. El mismo Pablo hace mención de esto incluyéndose a si mismo en Gálatas 1:8 “Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema”.
El Pastor Pablo Caballero en su estudio sobre el Ministerio de la Mujer nos presenta un punto muy interesante en cuanto a la posición ministerial de la mujer. Nos muestra como la enseñanza de Pablo según sus cartas la posición pastoral y diaconal solo pertenece a los hombres. Esto lo podemos observar en las siguientes escrituras: I Timoteo 3:1-2 y 12. En estos versículos Pablo encomiendo unas características importantes que Timoteo debería considerar al momento de escoger a los líderes de su grupo ministerial. Esto junto a Hechos 6:3 nos sugiere que solo los hombres tenían derecho a ser considerados para posición pastoral y diaconal. Pero como menciona el hermano Caballero: “Pero gracias a Dios que encontramos otro
versículo que nos dice lo siguiente: Romanos 16:1 (RV 1960) “Os recomiendo además nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa de la iglesia en Cencrea...” Si este versículo no estuviese en la Biblia, estoy seguro que también muchos le negarían a la mujer la oportunidad de ser diaconisa. Ahora, si la mujer podía ser diaconisa, ¿por qué dice la Biblia que el diácono sea marido de una sola mujer? De nuevo, volvemos a la forma correcta de interpretación, el método histórico-gramatical. En los tiempos que estas palabras fueron escritas, era muy común que el hombre tuviese mas de una mujer, y aun más, esto era aceptado por la sociedad. Sin embargo, a la mujer no había que hacerle tal aclaración, ya que ella solo podía tener un marido. Creo que a este punto ya hemos entendido lo del obispado. No era que la mujer no podía ser pastora, era que el pastor no podía tener más una mujer”.
Entendiendo la posición de este pastor, y conociendo a nuestro Dios, es sencillo concluir que Dios no hace discriminación en el momento de repartir autoridad ministerial entre varón y hembra. Pero sí nos encomienda respetar la autoridad que el da tanto a varón y hembra, pues la autoridad viene de Dios y no de los hombres (varón y hembra) - (1 Corintios 7:4, Romanos 13:1-3).
En el próximo capítulo hablaré sobre el Poder Permisivo, en donde abundaré como la sujeción viene por medio de Cristo, y como esto nos da libertad y gozo. Principalmente cuando aprendemos a someternos a nuestras autoridades sociales y eclesiásticas por voluntad propia y no por imposición.
por Rafael Vilá ©2008 www.GTFN.org
Ver también "La Guerra de Adán primera Parte"
Recursos:
Estudio Sobre El Ministerio de la Mujer by Dr. Pablo Caballeros ©2005 www.forosantesdelfin.com
The First Book of Adam and Eve
Presentación De La Carta Apostólica “Mulieris Dignitatem” De Juan Pablo II Sobre La Dignidad Y La Vocación De La Mujer by Card. Joseph Ratzinger
Strong Hebrew and Greek Numbers Dictionary
Biblias:
Nueva Version Internacional
Biblia de las Américas
Reina Valera 1909 and 1960 version
Sagradas Escrituras Version Antigua
King James Version 1769
New International Version
American Standard Version